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viernes, 4 de diciembre de 2009

Tocache, San Martin, Perú

El 06 de Diciembre, Tocache celebra un aniversario más como provincia. La creación como provincia se realizó el 6 de diciembre de 1984, esta conformado por los distritos de Uchiza, Tocache, Pólvora, Nuevo Progreso y Shunté.
Se ubica en la Selva Alta, en la cuenca del Alto Huallaga en la parte sur del Departamento de San Martin.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Balsa

Con tus lianas tropicales ataré estos versos
haré una balsa, que navegue esos tus caudales
y nos lleve a recorrer tus selvas tropicales
donde aniden tiernos pichones de nuestros besos

Entre mullidas hojas y pétalos de orquídeas
Danzaremos la dulce magia de nuestra entrega,
daremos rienda a la pasión que no se sosiega
hasta que la balsa recorra todas las venas

la balsa pasando aguas mansas y peligrosas
cuando al final arribe a su preciado destino
hallaremos nuestro mundo de cosas hermosas

la balsa cuantas veces retomará el camino
por que tus lianas soportarán las duras pruebas
y mis versos serán fuertes y flotantes topas.

Autor: Jíbaro

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Amanecer selvático

Cuando los primeros rayos del sol se anuncian detrás de las colinas boscosas, es la hora habitual de la nube de alas verdes, que es el vuelo ceremonioso y bullanguero de loros y guacamayos que inundan la extensa jungla con su graznido. Parten en búsqueda de los shimbillos que se esconden en la maraña de la amazonía y de las collpas que se desnudan a las orillas de los ríos. Pronto seguirán las garzas blancas y moras que irán a pasearse gallardas en cochas y ríos en espera de haber fortuna en la pesca de alevinos.

El amanecer selvático se engalana con los colores de las floraciones de los árboles que marcan su territorio con el amarillo del palo blanco; el lila de la papaya caspio y de las wimbas; el rojo del árbol del fuego y de las lianas; y el blanco de las caobas, copaibas y tornillos .

Los distintos aromas a su turno deleitan hasta el éxtasis al observador. Pronto llegaran las abejas a polinizar las flores. El mundo selvático se despierta con las orugas que miden la extensión de las hojas y ramas, con la inquieta caravana de hormigas que suben y bajan los árboles con su cargamento de retaceadas hojas que transportan hasta el escondrijo de sus madrigueras.

Tantahua, tantahua, es el canto del ave que anuncia la cercanía del río que es como  una serpiente de agua que se engrosa con las lluvias de las serranías. Esta llegando la época en que el bosque se inundara con las aguas del Huallaga. Los árboles y lianas parecerán un macetero gigante regado por las aguas marrones que enriquecerán el suelo con el nutritivo limo que se mezclara con las hojas secas y putrefactas.

Los nativos madrugan y  se dan apuro en cosechar los últimos granos del maíz y el arroz, después de la gran llojllada podría ser muy tarde. Es tiempo de alistar la canoa para ir al bosque a cazar los conejos, congompes y otros animales que darán su carne para la deliciosa cecina.

El tambo con su emponado y su techo de shapaja esta preparado para sufrir los embates de los vientos y las lluvias tropicales.

Otra vez las yacumamas volverán, en la riada cercana al tambo, a danzar el ritual nupcial, entre las cañas de azúcar inundadas hasta el cogollo. Otra vez volverán los miedos a las mordeduras de las serpientes.

Autor: Jíbaro

sábado, 7 de noviembre de 2009

Golondrinas

Desde hace algunos meses, millones de golondrinas casi se han posesionado de la ciudad. Son capaces inclusive de negarnos la luz que nos alumbra y el calor que nos caliente, cuando en las tardes sobrevuelan la ciudad y cubren con el océano de sus alas el ojo brillante del sol.

Todo comenzó hará unos cinco meses. Súbitamente, la ciudad se quedó en penumbra y todo el mundo comenzó a gritar: ¡eclipse, eclipse, eclipse! Los niños abandonaron sus juegos; los vehículos pararon sus motores; los peatones, en la calle, detuvieron su paso; los comensales en los restaurantes se quedaron con el tenedor o la cuchara en la boca. La ciudad se quedó en silencio sólo para oír el extraño y poderoso rumor, como una tempestad tropical, que producían el gorjeo y el chillido de esos millones de animalitos que sobrevolaban la ciudad.

El mar de alas y picos se entretuvo así durante dos horas. Luego, por grupos seguramente conformados por miles de avecillas, empezaron a descender en picada formando gigantescos tirabuzones de plumas, vertiginosos embudos de aire y gorjeos, flechas de plumas que competían con la velocidad del aire. Se apoderaron de los árboles de pomarrosas de la Plaza de Armas; de los aleros y torres de la Iglesia Matriz, de los caimitos, zapotes, naranjeros y shiringas de las huertas y de las techumbres de las casas. Se pararon con sus patitas delicadas en las antenas; penetraron en los escaparates de las tiendas para columpiarse en los biombos de exhibición de géneros y se introdujeron en las jaulas de pericos y gorriones de las casas. No había árbol en la ciudad que no tuviera, en vez de hojas y frutos, golondrinas.

Empezaron a ocurrir, a partir de ese día, incidentes que han modificado y alterado la vida de la ciudad y sus gentes.

Reunidos en sesión solemne y extraordinaria, el honorable Concejo Provincial de Maynas, con asistencia de todos sus miembros, excepto uno que estaba en cama cogido por la erisipela, acordó tomar medidas de emergencia para defender el ornato de la ciudad y mantener incólume el prestigio de su limpieza a la cual contribuían las lluvias tropicales que lavaban gratuita y puntualmente las calles y callecitas y los gallinazos que habitaban las techumbres de calamina y los basurales del camal y del puerto de Belén y que devoraban las carroñas a enérgicos picotazos, mientras los asombrados turistas gringos disparaban sus “mamiyas” recogiendo esas inolvidables impresiones.

-No es posible que estos pájaros vengan a cagar nuestra ciudad, ensuciando los pamorrosas de la plaza- había dicho el alcalde Juan Arredondo.

Teniendo a la vista este argumento justificado plenamente con el olorcillo a mierda que se filtraba desde la plaza por las ventanas al gran salón de sesiones del Concejo, por unanimidad, los padres de la ciudad acordaron solicitar a los bomberos que cada noche, después que las golondrinas se hubieran acurrucado en el entrevero de ramas de las pomarrosas, vinieran con sus bombas y con poderosos chorros de agua las desalojaran y mataran en resguardo de la belleza de los árboles que estaban cambiando de color con la cada de las golondrinas.

Pero mientras el acuerdo del honorable Concejo se transcribía mediante resolución municipal a la Comandancia del Cuerpo de Bomberos y éste, a su vez, se reunía en sesión solemne para responder mediante un oficio en sobre lacrado y sellado, pasaron varios días.

Durante esos días, el espectáculo de las golondrinas se había convertido en la comidilla de todo el mundo, de propios y extraños, como decían los diarios y radioemisoras locales. Cada tarde, a la hora en que las avecillas sobrevolaban la ciudad preparándose para sus acrobáticos descensos luego de haber volado por el confin de la Amazonía en busca de alimentos, parejas de enamorados y esposos llegaban a la plaza para mirar ese ballet aéreo que nadie en la ciudad había organizado y que, sin embargo, concitaba la atención de todos. Esposos que se habían olvidado hacía mucho tiempo de coger las manos de sus esposas y pasearse con ellas como en sus días de noviazgo, volvían otra vez a repetir el paseo habitual por la plaza para mirar las golondrinas. Padres de familia que en muchos años no habían llegado a sus casas a las seis de la tarde por haberse acostumbrado a quedarse a esa hora en el bar de “Pablito” a mitigar el calor tropical con una cerveza, repetían una vez más sus paternales hábitos –ya dejados de lado- de llevar a sus hijos de la mano a dar un paseo por el parque.

-¡Vamos a la plaza a mirar las golondrinas!- decían los jóvenes quinceañeros y se iban al Malecón a besarse a la sombra de las pomarrosas cargadas de golondrinas.

Hasta el ciego Román había alterado sus costumbres. Hacía años que no salía en las tardes y menos en las noches. Pero con la llegada de las golondrinas salía a las seis y se dirigía a la plaza sin lazarillo, sólo ayudado por su bastón de palo de itaúba y decía que él podía mirar a las golondrinas como cualquiera que tuviera ojos por el gorjeo y chillidos que éstas emitían.

Esa, por ejemplo, debe tener 16 centímetros y tiene 7 meses de edad. Ese otro es macho y la otra es hembra. Esa gorjea más fuerte que las otras porque no ha comido bien. Esa otra chilla de una manera muy rara, debe estar herida decía el ciego Román.

Algunas tardes, cuando estaba de buen talante, el ciego Román se paraba sobre una banca de la plaza, a la sombra de las golondrinas, y se explayaba en largas explicaciones sobre ornitología, ciencia que, decía, le apasionaba desde los lejanos días en que era práctico o guía de las lanchas que navegaban en los ríos amazónicos y, por lo tanto, podía ver en la oscuridad y tenía una vista de lechuza, como solía decir.

Estas golondrinas han viajado miles de kilómetros. Seguramente han atravesado el océano para llegar aquí, quizá en busca de alimentos, porque a ellas no les gusta el bosque, no les gusta el trópico y tampoco las regiones polares. Seguramente han llegado de alguna región del mundo donde ha habido un cataclismo y el clima y las condiciones de vida en esa parte del planeta han variado bruscamente- repetía el ciego Román ante la mirada embobada de los niños, los padres, los enamorados, los turistas y todos los curiosos que asistían a la Plaza de Armas para ver las golondrinas y escuchar al ciego Román.

Cuando la orden de desalojo de las golondrinas finalmente llegó al escritorio del Comandante de los Bomberos, quince días después de la sesión solemne del Concejo Provincial, ya se había formado un Sindicato de Defensa de las Golondrinas, y una Brigada de Lucha de los Recursos Naturales y Preservación de la Ecología integrada por padres de familia, enamorados, turistas, el ciego Román, guardias civiles, estudiantes, algunos militares, bomberos y nativos de las tribus indígenas que habitaban en las proximidades de la ciudad como yaguas, cocamas y cocamillas. Estos últimos veían en las organizaciones mencionadas la posibilidad de utilizarlas a favor de una campaña nacional sobre los recursos naturales amazónicos que durante miles de años han sido patrimonio de estas tribus y que ahora, devorados por un insaciable e inagotable consumismo urbano-industrial, están siendo destruidos con riesgo de una rápida y fatal agonía biológica de los más antiguos habitantes de la jungla.

Fueron estas dos organizaciones que se opusieron tenazmente a la aplicación de la medida decretada por el Concejo, a través de acciones concretas de lucha y resistencia. Así, mientras el sindicato regaba de tachuelas el perímetro de la Plaza de Armas para pinchar los neumáticos de los carros bomberos, la brigada formaba con sus brazos verdaderas cadenas humanas alrededor de los árboles. Otras veces, cientos de integrantes del sindicato paseaban un muñeco que representaba al alcalde picoteado por las golondrinas, mientras que los brigadistas arrojaban las golondrinas muertas por los bomberos en las puertas de las casas de los honorables miembros del Concejo Provincial, impidiendo además que los servicios de Baja Policía, así como los perros vagabundos, recogieran esas golondrinas que, con el calor húmedo del trópico, en pocas horas, se pudrían e inundaban la ciudad de una pestilencia insoportable.

Luego de más de un mes de escaramuzas, que costó la vida a aproximadamente diez mil golondrinas y la prisión temporal de trece miembros del Sindicato y veintiún brigadistas, el honorable Concejo Provincial de Maynas levantó la orden de matanza de las golondrinas y cambió el sentido de la resolución municipal. En adelante, la Comandancia de Bomberos no sólo se encargaría de proteger a las golondrinas de los semillazos de aguaje de los muchachos y de los cazadores que, red y bolsa en mano, llegaban furtivos exactamente a las seis y treinta y cinco de la tarde, en el mismo instante en que se hace la noche –diez minutos antes de que se encienda el alumbrado público-; asimismo, la Comandancia también se ocuparía de lavar con sus potentes chorros de agua los árboles y las hojas embadurnadas de mierda de golondrina, hubieran levantado vuelo con dirección a los lugares más remotos de la Amazonía, allí donde fuertes ventoleras procedentes del Atlántico empujaban nubes de mosquitos, zancudos y otros insectos que eran la delicia de los pájaros.

Una semana después de haber dispuesto las más extremas medidas de protección para las avecillas y de la inevitable disolución del Sindicato de Defensa de las Golondrinas y la Brigada de Lucha de los Recursos Naturales y Preservación de la Ecología, bajo la amenaza de los yaguas, cocamas y cocamillas de fundar una organización paralela y combativa con fines y objetivos más claros y precisos, el alcalde Juan Arredondo volvió a convocar a otra sesión solemne.

-Honorables miembros del Concejo Provincial de Maynas, he convocado a esta sesión solemne para proponer a ustedes, que representan a toda la colectividad y sus intereses más sagrados, que en vista de que las golondrinas se han convertido en una de nuestras más importantes fuentes de ingreso de divisas, ya que de todo el mundo están llegando los turistas que vienen a admirar este espectáculo extraordinario, se disponga mediante resolución municipal que las golondrinas se queden no sólo éste sino el próximo y el próximo y todos los veranos en los años sucesivos de la Amazonía– expresó con voz grave y afectada, el alcalde Juan Arredondo.

La propuesta del Alcalde fue aprobada por unanimidad y, al día siguiente, los diarios publicaron en primera página y con titulares gordos el “atinado y sagaz” acuerdo del honorable Concejo Provincial y destacaban la “visionaria inteligencia” del alcalde Juan Arredondo.

Un tiempo después que el municipio expidió esta resolución, empezaron a circular algunos inquietantes rumores y extrañas interpretaciones sobre la presencia de las golondrinas en la Amazonía.

Una de estas versiones –la más difundida- decía que la presencia de millones de golondrinas en el bosque húmedo tropical, era el anuncio de algún cataclismo inminente, tal como ocurrió hacía más de cien años en la Amazonía cuando una noche estrellada de junio, una noche de San Juan, el Patrono de Iquitos, atravesó el cielo, iluminándolo, como un día cualquiera de sol canicular, el cometa Halley con su cabeza y su cola de fuego, y las gentes de Iquitos, Contamana, Nauta y Jeberos temblaron de miedo y de asombro e interpretaron esta aparición como el presagio de acontecimientos memorables.

Al día siguiente, hicieron su aparición millones de golondrinas, de una de las setenta y cuatro especies que pueblan el planeta y que, según los informes científicos de la época, habían atravesado en un solo vuelo los océanos Atlántico y Pacífico y todo el gran valle del Amazonas en una travesía de cuarenta mil kilómetros, viajando día y noche, guiándose por la posición del sol y de las estrellas en la noche. Ese mismo mes, justo el último día de la fiesta patronal, una nube negra, como un inmenso gallinazo, se detuvo sobre la ciudad a las cinco de la tarde. A eso de las siete y media de la noche, se rompieron los cántaros del cielo y comenzó una lluvia que sólo se detuvo un mes más tarde, cuando los gatos y los cerdos, la gallinas y los perros habían sido totalmente exterminados por el hambre, y la ciudad aparecía flotando, como una balsa gigante que navega en un mar de islas de bosques arrancados por la creciente del gran río. Durante meses, los gallinazos se entretuvieron picoteando la carroña de los ahogados colgados en las copas de los cedros gigantes y de las lupunas barrigudas.

Esta versión, cuyo autor no había sido identificado, pero se suponía era el shamán de una tribu indígena en trance de extinción –“los Iquitos”- decía que mucho antes que llegaran los jesuitas y franciscanos a la Amazonía, mucho antes incluso de la llegada de los hombres blancos y barbudos con sus pestes y sus armas de fuego, antes incluso de que los tupinambaranas construyeran un imperio tan grande sobre la Amazonía que allí si no se ponía el sol, porque las ciudades y los pueblos estaban debajo del agua, en las profundidades de las cochas y las pozas y a donde sólo se llegaba con la llave maestra del yage, mucho antes las golondrinas habían anunciado con sus gorjeos y chillidos, con su caca verdosa y su vuelo suave y suelto, su insaciable hambre de insectos, el hundimiento de un reino que se llamaba Atlántida, poblado de hombres gigantes como los árboles y no de cuyos sobrevivientes, según una leyenda que fue trasmitida por todos los pueblos y razas que habitaron la Amazonía, había anunciado que cuando aparecieran otra vez las golondrinas, cien lunas después de que una cola de fuego iluminara la noche amazónica, algo inminente estaba por acontecer.

Coincidentes con estos rumores e interpretaciones están ocurriendo en la ciudad algunos sucesos que la gente no sabe si atribuirlos a la casualidad, a la hechicería o a las bromas de algún individuo juguetón o quien sabe a una mano o poder misteriosos que quiere comunicar el gran acontecimiento que se avecina.

Así, por ejemplo, el otro día don Pascual Fasavi, un viejo cauchero de ochenta años, abrió su baúl forrado en cuero y reforzado con tiras de hojalata –como solían hacerse los baúles a principios de este siglo en la casa del hojalatero Barbagelata- y cuál no sería la sorpresa de Fasavi, cuando del fondo del baúl salieron vivitas y gorjeando un puñado de golondrinas que se escaparon por la ventana. El viejo Pascual contó a sus vecinos que en el baúl guarda documentos de negocios de ventas de caucho efectuadas en 1910 con casas importadoras de Londres, así como también colecciones de ediciones que hace tiempo han dejado de circular. La última vez que abrió el baúl fue hace diez años y lo hizo para cambiar la chapa herrumbosa y asegurar la llave en un llavero, que jamás ha salido del pasador de su pantalón.

Pero eso es lo de menos, como dicen las gentes en Iquitos, comparado con el incidente que acaba de vivir doña Goya Góngora, quien dejó hirviendo su sancochado de carne de vaca y luego de media hora de fuego intenso con trozos de la mejor leña de capirona, al destapar la olla para echar sal y condimentos, como en los cuentos de las mil y unas noches, junto con el vapor de la sopa salieron volando dos golondrinas que no tenían la menor traza de haberse ni siquiera salpicado con la sopa hervida.

El cajero de una tienda que vende hierros para construcción fue a dar vuelto a un cliente y se encontró con la sorpresa de que en la caja eléctrica en vez de monedas de a sol y cinco soles, había huevos blancos con manchitas grisáceas, es decir, huevos de golondrinas.

Sin embargo, acaba de suceder un hecho que está en la boca y en la imaginación de toda la gente. La noticia de este acontecimiento ha volado de un punto a otro de la ciudad, como viento que penetra en las casas por las puertas y ventanas hasta los más diminutos escondrijos. Las gentes agrupadas en las esquinas lo comentan; los diarios y las radioemisoras, aunque tienen la información, se niegan a difundirla por temor a provocar un pánico colectivo; los médicos se han reunido de emergencia para analizar las implicancias científicas de este suceso. Incluso los curanderos, médicos vegetalistas y shamanes de la Amazonía, están llegando a Iquitos para emitir un pronunciamiento sobre este hecho. En las escuelas, los maestros no pueden dictar sus clases porque los niños los interrumpen formulándoles preguntas que ellos no saben cómo responder. En los hogares, los padres están pasando por los mismos aprietos. En realidad, nadie sabe cómo responder, nadie sabe cómo explicar por qué una mujer cuyo nombre los médicos del hospital mantienen en reserva, en vez de dar a luz a un bebé común y corriente como todas las mujeres del mundo, ha dado a luz una golondrina.

Además, por primera vez en cinco meses, hoy día las golondrinas no han regresado a ocupar sus árboles de pomarrosas en la Plaza de Armas, y toda la gente de la ciudad ha salido a las calles a esperarlas. Ya son más de las siete de la noche y la gente está cada vez más inquieta. Finalmente, yo no sé si estarán esperando a las golondrinas o al gran acontecimiento que tiene que ocurrir.

Autor:Roger Rumrrill

Haikus de la selva

En plena maraña
ruge el tigre:
la selva se agazapa.

El aire fresco
sólo toca tus sueños:
Yo, otra cosa.

El suy-suy trina:
él tambien sabe que oyes
su dulce aria.


Autor: Boris Gozales Macedo

lunes, 31 de agosto de 2009

Maquizapa

En mi tierra allí en la selva, muy adentro,
un monito muy bonito se pasó,
y las monas señoritas ya están locas,
por el garbo de este simio sin igual.

Maquizapa es el monito
que la selva alborotó.
Maquizapa es el monito
que a todas hace soñar.

Una mona muy ufana relataba
que don maqui es un amante colosal,
desenvuelta muy contenta declaraba,
mi vida entera por él daría yo.

Maquizapa es el monito
que la selva alborotó.
Maquizapa es el monito
que a todas hace soñar.

Otra mona compungida me contaba,
que don maqui, cinco hijitos la dejó,
pero ella aún la espera muy contenta,
porque como don maqui ya no hay dos.

Maquizapa es el monito
que la selva alborotó.
Maquizapa es el monito
que a todas hace soñar.

Pero un día que comía en un ciname,
un balazo en la cabeza lo tumbó,
tanta infamia hizo llover por varios meses,
pues la selva de tristeza protestó.

Maquizapa, un cuadrumano
que un llamado humano... eliminó.
Maquizapa, vida útil,
que un maldito inútil... aniquiló.

Polka: Letra y música de Juan Diaz Salazar

domingo, 30 de agosto de 2009

Palmeras de mi Idilio

Esas verdes palmeras de mi idilio,
Nunca jamás me volverán amar
No volverán a susurrar de amor
No volverán a darme su frescura.

Esas verdes palmeras de mi idilio:
amaban a la lluvia y al frió viento,
amaban al rió, a las cochas y al rayo,
amaban a las aves y a las boas.


Esas verdes palmeras de mi idilio
han llorado gotas de petroleo,
respirado el veneno del metano,
han muerto para no ver al espanto.

Esas verdes palmeras de mi idilio:
cayeron para alzar un campamento,
para dejar su milenario puesto,
a la negrura que invade mi selva.

Mi ilusión se muere con mis palmeras
con ellas van muriendo mis amores,
y mi alma es un cadáver insepulto
que pena en los remansos de los ríos.

Autor: Jíbaro

lunes, 22 de junio de 2009

Selva Mancillada

Primero los caucheros,
luego los petroleros,
también los madereros,
ahora son los coqueros.
Siempre vendrán depredadores,
no les importa destruir,
sólo ambicionan el poder.

Selva, selva, selva, selva,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada.


El rugir de tus fieras,
el trinar de tus aves,
el verdor de tus bosques,
el clamor del Aguaruna,
sólo son leve murmurar,
reclamando reverdecer,
pidiendo su liberación.

Selva, selva, selva, selva,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada.
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada.

Hombre que explotas tanto
en nombre del progreso,
hombre que envenenas
agua, monte, tierra, ambiente.
Domina ya tu sed de ambicia,
frena un poco tu codicia,
siembra en lugar de malograr.

Selva, selva, selva, selva,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada.

Selva, tu necesitas
leyes que te protejan,
canon para tus riquezas,
hombres que te quieran mucho.
Exige, grita, pide amor
a cambio de lo que tanto das,
para que tengas progreso y paz.

Selva, selva, selva, selva,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada,
selva, ya no eres virgen,
selva, estás mancillada.


Por: Juan Díaz Salazar

jueves, 11 de junio de 2009

Momentos para olvidar

Quisiera los momentos olvidar,
lo visto sin deseos de mirar:
Vida sumisa ante acerado puñal,
Bota que mancilla la dignidad,
Libertad ahogada de purpura,
Ignorancia alhajada con mis oros,
Hijos llenos de mugres y de harapos

Me niego oír ese disco tan rayado:
"Defendamos bien nuestra democracia"
Mientras de hambre miles de niños mueren,
Mientras se asesina a la libertad,
"Defendamos nuestra patria querida"
Mientras se regala nuestra riqueza,
y el héroe se muere loco y pobre
"Aprendamos de la historia y sus héroes"
Mientras te cuentan glorias muy ajenas
Mientras castran la creatividad.

Autor: Jíbaro

lunes, 25 de mayo de 2009

Puzanguita

En el puquial tu encanto me fulgura
Donde Huambra mía llenas tu tinaja
con diafanidad, amor y frescura

Me diste de beber de tu tinaja
De tus brebajes y puzangas ricas
De la ayahuasca que a mis sueños ajan

Sálvame de mis negras noches trágicas
Hazme probar los frutos de tus bosques
Alíviame con tus pócimas mágicas

Cuando en la selva tus brazos me enrosques
Te seguiré fiel por ríos y trochas
Te amaré con el corazón del bosque

Te amaré en mi canoa y en la cochas,
sobre mullidos pétalos de orquídeas
Te amaré en los senderos y en las trochas.

Huambra, en mi corazón va tu puzanga
En los ríos que corren por mis venas
navegan esas tus mágicas pócimas.

Autor: Jíbaro

domingo, 17 de mayo de 2009

Ay - Ay Mama

Una versión de la leyenda dice que una madre nativa de la amazonía del Perú. En vista que una epidemia diezmaba a la población de su tribu, quiso salvar a sus hijos. Los llevo lejos de la población, al centro del bosque. Escogió un lugar seguro al borde de un riachuelo y rodeado de abundantes frutos. Les construyo un refugio seguro y los abandonó allí.

Ellos comieron, jugaron y se divirtieron durante todo el día, al llegar la tarde esperaron en vano a su madre, al oscurecer caminaron tristes y desorientados a buscarla por el bosque llorando y llamando, hasta agotarse de cansancio y de impaciencia.

El Chullachaqui (espíritu del bosque) estaba triste cuando los vio llorar desconsolados. Para ayudarlos les dotó de alas para que pudieran regresar a la tribu de su madre. Volaron de regreso. Encontraron los tambos (casas), pero no a su madre. Todos habían sido diezmados por la epidemia.

Pidieron al espíritu del bosque conservarlos en la forma de aves. Desde aquella vez, durante el día duermen camuflados en las ramas de los árboles y todas las noches vuelan una vez mas en búsqueda de la madre, emitiendo el canto escalofriante y lastimero “Ay-Ay Mama,
Ay-Ay Mama, ... ”. (Adaptado por AguIpOr).

miércoles, 29 de abril de 2009

Amazonía

Amazonía, mujer bonita,
ternura verde,
pihuicho alegre,
avispa juane,
madre adoptiva del ayaymama.

Tambo de yarina del Aguaruna,
hostal de lujo del forastero,
tunchi silbando melancolías,
chullachaqui cojeando de algarabía.

Amazonía... inmensidad...
eres baño fresco en San Juan,
aqua de cocha en carnaval,
micuna segura en la chapana,
y en la ashiquita shitari-mama.

Amazonía... inmensidad...
eres baño fresco en San Juan,
aqua de cocha en carnaval,
micuna segura en la chapana,
y en la tarrafa la carachama.

Amazonía, rugir del tigre,
balsa de topa,
paucar chismoso, renaco añoso,
fragante hechizo en rara orquídea.

Un pozo grande de oro negro,
plátano asado con paiche pango,
embriaguez de chuchuhuasi,
botica en soga de ayahuasca.

Amazonía... inmensidad...
de gente buena, franca y leal,
un peque-peque en el Río-Mar,
humisha adornada con amistad,
y en cada pueblo hospitalidad.

Amazonía, donde bailamos
pandilla alegre, danza de la paz,
Amazonía, pulmón del mundo,
donde nacimos, orgullo del Perú.

Vals: Letra y Música de Juan Díaz Salazar - Rioja, Perú

viernes, 24 de abril de 2009

Mi Patria

"Mi patria es tan grande
y de belleza sin par,
la forman la selva, el ande
la costa y el mar."

Francisco Izquierdo Ríos

El Rocío

"En la punta de débil hierba
he visto temblar un rocío.
en un cristal tan pequeño
caben el sol, el cielo, el río."

Francisco Izquierdo Ríos
1910 - 1981

domingo, 19 de abril de 2009

Ucayali

"Nací mirando correr tus aguas
con gran asombro,
majestuoso Ucayali.
Y en tus orillas vi
aquella garza también asombrada
buscando en ella
a un pececillo para su festín.
Por vez primera medité:
nos vas dando tu vida
que para ello naciste,
sin soberbia, sin egoísmo,
con la blanca libertad de amar.

No tienes límites ni fronteras
en tu extensión sin par,
en tu origen amazónico
de serpenteada hondonada,
Eres como la huella
de gigantesca serpiente;
tu brillo es de plata,
tus riquezas de oro
majestuoso Ucayali.
En tus profundidades albergas
misterios y peces exquisitos;
tus playas, mi alcoba de plenilunios
siguen extendiéndome sus arenas
cual brazos infinitos de mi amada,
y me inspiras como aquel marino,
a continuar navegando junto a ella
hasta los confines del oceano,
majestuoso Ucayali."

Poema de Cavero Arista, Segundo. Sentimiento Compartido. Pucallpa 1943.


viernes, 17 de abril de 2009

LLuvia con sol

Truenos, relámpagos, vientos, torrenciales lluvias
Botes,canoas,balsas: desafíen la creciente
aguas del huallaga en aumento, el bosque se inunda
El cielo se derrama en este preciso instante.

Liebres, venados, hormigas y demás vivientes
suban rápido al Arca, el diluvio se avecina
zúngaros, cocodrilos huyan por los afluentes
el agua está preñada del limo que os asfixia

Zumba la catahua, cae, el rayo la asesina
turbulenta agua, remolinos, todo se esfuma
Vuelan los techos en alas de los torbellinos

Vuelve el sol, un arco iris cabalga las colinas
Se resecan los charcos, la calma recomienza ,
vuelan el cielo mariposas y golondrinas

Autor: Jíbaro

La fiesta de San Juan




El 24 de Junio es una fecha muy especial para toda la selva peruana. Este día se celebra a San JuanBautista, fiesta que simboliza la purificación del agua y el júbilo por los dones de la naturaleza. Son días de reflexión, pero también de jolgorio y alborozo que inspiran sentimientos de hermandad y de unión entre los hijos de la selva.

Por ello, todas las ciudades, pueblos y caseríos se visten de alegría el 23 y 24 de junio, para honrar al santo que según cuentan las leyendas fue elegido por el propio Dios como Patrón de la Amazonia. Es una fiesta religiosa que llegó con los conquistadores españoles y al coincidir con la fecha del Inti Raymi o Fiesta del Sol, se alimentó de elementos y rituales prehispánicos, convirtiéndose en una celebración popular. Fusiona lo nativo con lo foráneo.

Todos se preparan con muchos días de anticipación, la mejor ropa, el masato, el uvachado, se ponen a helar las cervezas. El día anterior se preparan los típicos juanes. Se contrata una orquesta típica para pandillar durante toda la noche por las calles y plazas con la entusiasta participación de todos los pobladores. Se organizan los reynados de belleza, los concursos de danzas típicas, El día 24, nadie se queda en casa, todos van a las playas de los ríos a bailar con las orquestas del momento, a darse un refrescante chapuzón en las diáfanas aguas y sobre todo a saborear el delicioso juane acompañado del masato, los inguiris, el uvachado y unas cuantas cervezitas bien heladitas.

Apurate cumpita no te tardes, ya se acerca la fiesta de San Juan!!.

miércoles, 15 de abril de 2009

Chilcano de carachamas


El chilcano de carachamas es uno de los platos exóticos y mas apreciados de la selva peruana, les daré la receta mas usada en la provincia de Tocache.

Ingredientes:
Seis carachamas bien limpias
Agua: un litro y medio o mas
Un atado de de sacha culantro
Un pucunucho (ají de la selva)
Dos dientes de ajos.
Un diente de ajinjibre
Sal

Preparación:
Hervir las carachamas hasta que estén tiernas (1/2 hora aproximadamente)
Agregar una cucharadita de pucunucho, el ajo molido o cortado en rodajas pequeñas, el ajinjibre machacado y sal al gusto.
Agregar el sacha culantro cortado en tiras, después de bajar la olla del fuego.
Servirlo acompañado de inguire (plátanos verdes sancochados) y con ají de cocona

Uyuyuuuy Cumpita !!! Se me hace agua la boca, me voy a saborear mi chilcano

Amazonía


Acaricias mi corteza en tus gotas
y cuelgas tus deseos en mis ramas
encanto de tus incitantes valles
magia de tus diáfanos manantiales

Aullando a la luna y a sus quimeras
estas a mis hojas muy adherida
con la arena ardiente de tu existencia
y trepando mis tallos con tus lianas

Con ardor te entrego mis arrebatos
hurgando tus codiciadas colinas
probando néctares de tus colmenas
y de tus flores bebiendo ambrosías

Eres tu la razón de mi existencia
para vivir y morir tus caricias
para enloquecer en tus ambrosías,
y agotar mis ansias, mis fantasías.
Autor: Jíbaro

La rica Aguajina



Hoy daremos la receta para preparar una deliciosa aguajina:
Ingredientes para cinco personas:
2 kilos de aguaje
1 litro de agua hervida y fría
canela,y clavo de olor
Azúcar

Preparación:
Madurar los aguajes en agua tibia.
Pelar con cuidado la cascara de los aguajes.
Extraer la delicada capa de almidón de aguaje que cubre la pepa, si los aguajes están bien maduros no harán falta ni licuar, ni colar.
Disolver el almidón de aguaje en una jarra con el litro de agua fría, previamente hervida con la canela y el clavo de olor.
Agregar azúcar al gusto, servirla en vasos y a disfrutarla!!!

martes, 14 de abril de 2009

La Bella Durmiente


La “Bella Durmiente”, asemeja el perfil en posición cúbito dorsal de una mujer, en el horizonte de la ciudad de Tingo María. Parece cubierta con una inmensa manta verde, que esconde su bella figura. La leyenda, la identifica con la princesa Nunash, que se quedó dormida esperando el regreso de su amado Cuynac.


La historia que ha sido transmitida de generación en generación, relata que Cuynac se internó en la selva de los Huánucos, donde encontró a la princesa Nunash, de quien se enamoró perdídamente; amor al que ella correspondió.

El joven guerrero le erigió un palacio en un lugar cercano a lo que hoy es la ciudad de Pachas y a tal edificación, la llamó Cuynash, para lo cual unió sílabas de su propio nombre y del de su amada.

Luego de vivir un tiempo felices, fueron atacados por Amaru, el padre de la princesa, quien valiéndose de su poderes y hechizos, se había convertido en una monstruosa culebra.

Cuynac, quien igualmente poseía tales poderes, se transformó en piedra y convirtió a Nunash en mariposa. Ella, voló hacia la selva y retornó con refuerzos para combatir al padre; al que luego de tensos combates lograron vencer. Luego del triunfo, Cuynac quiso recuperar su forma humana sin lograrlo. La princesa recuperó su forma humana, y buscó envano a su amado. Cansada, luego de larga búqueda se sentó sin saberlo, cerca de Cuynac, convertido en piedra, sobre la que se quedó dormida.

Entre sueños, la princesa escuchó a su amado que le susurraba: "Amada no me busques, mi voluntad fue pedir a los dioses que me convirtieran en piedra y mi pedido fue complacido y ahora soy sólo eso; una piedra, destinada a permanecer en este estado por el resto de mi vida. Si tú en realidad me has querido y me sigues queriendo todavía, deseo que permanezcas así dormida a mi lado toda la vida sobre este cerro y la luna refleje tu hermosura por las noches de la eternidad."

Aceptando aun en sueños, el pedido de su joven amante; ella quedó igualmente convertida en piedra y permanece a su lado. Esta dormida en decúbito supino contemplando el estrellado firmamento


Fuente:http://www.boletindenewyork.com/belladurmiente.htm

lunes, 13 de abril de 2009

El Chullachaqui

Cuenta la leyenda que el Chullachaqui o guardián del bosque se te puede presentar en cualquier momento.Camina por la espesura del bosque de la selva peruana y adopta la forma o figura de personas o animales conocidos como estrategia para ganarse la confianza de las personas que tienen la suerte o la desgracia de andar solas. El nombre de Chullachaqui viene de chulla = un solo lado y chaqui= pie. El es un humanoide de baja estatura, el rostro arrugado, con una enorme nariz, las orejas puntiagudas y los ojos rojos y para ocultarse usa un enorme sombrero de paja. Se viste de harapos y lo mas notorio es que uno de los pies es humano, el otro es de animal (venado, tigre, tortuga,etc). Su misión es cuidar el bosque y evitar el uso irracional de la fauna,la flora y la pesca. Infunde respeto y temor a propios y extraños. Cuentan que muchos fueron premiados con abundante caza, frutos y hasta joyas por usar con sabiduría los recursos del bosque y otros en cambio fueron víctimas de engaños, burlas y castigos por haber abusado y usado mal los recursos del bosque. Es muy amigo de los niños, muchas veces se los lleva con engaños para poder jugar con ellos y jamás les ha hecho daño alguno, mas bien los ha premiado con inteligencia y sabiduría.

Tacacho con cecina



Uno de los platos típicos mas deliciosos de la selva peruana es el tacacho con cecina, les ofrecemos la receta para aquellas personas que la desean paladear.
Ingredientes para cinco personas:
10 bellacos verdes
1kg de cecina de venado o sajino
3 cucharadas de manteca de cerdo
1 pequeña cantidad de comino y pimienta

Modo de Preparación:

Freír con la manteca de chancho los bellacos cortados en tajadas circulares, y machacarlos en el batan con un poco de manteca, condimento y sal al gusto y formar unas bolas de aproximadamente 100gr.
Freír o grillar la cecina.
Servir en el plato dos bolas de tacacho y una cecina acompañada de ají de cocona con su sacha culantro. Servir una copa de uvachado para los caballeros y un vaso de aguajina para las damas. Buen provecho!!!.

jueves, 9 de abril de 2009

Los fantasmas de Ricardo

Juana y sus tres hijas vivían en un pueblo de la ceja de selva. Las hijas tres bellas doncellas estaban en el pleno florecer de sus primaveras. Una mas bella de la otras. Muchos jóvenes las pretendían y frecuentaban. Esta familia tenía como habitual diversión la narrativa verbal. La madre una mujer de unos cuarenta años, era la mas experta de las cuatro mujeres, lograba en sus oyentes, con esa magia que caracteriza a los narradores, mantenerlos interesados en sus relatos por horas y horas. Uno de los pretendientes era asiduo visitante, se quedaba embrujado con la narrativa y muchas veces se amanecía en aquella casa. Esta vez el tema de la narrativa trataba de espíritus y fantasmas. Cada una a su turno se lucía con historias de diablos devoradores de gentes, fantasmas que se pasean por los aposentos de casas abandonadas, de hombres que se convierten en noches de la luna llena en hambrientos lobos , de famosos asesinos que matan para recoger la grasa de las personas y venderla a buenos precios.

La narrativa era tan viva que lograba en los oyentes revivir la historia con todas las reacciones físicas y anímicas que van despertando.Ya eran las tres de la mañana. El pretendiente de turno está estupefacto. Si fuera por el podría seguir escuchando mas historias. Pero las obligaciones impostergables del día que se avecina, lo obligan a despedirse de la familia de narradoras.

La enamorada y la mamá hacen de todo para retenerlo. "Esta es la hora preferida de los fantasmas, no vaya a ser que te encuentres con uno o varios de los personajes de los relatos" le dicen.

Pero Ricardo, que así se llamaba el pretendiente, les contesta: " Esta bien que ustedes con sus relatos han logrado ponerme la piel de gallina. Pero yo no creo en esas cosas. Son puros relatos y nada más”.

Todavía insisten, "Por favor no seas impertinente caminar a estas horas es demasiado peligroso. Tu casa está muy lejos de aquí. Quizás cuantas cosas te podrían pasar, por esas quebradas y esos bosques que hay por el camino a tu casa. Además hoy es noche de luna llena, y muchos lobos hambrientos andan sueltos. Hay pobre de ti, tal vez el día de mañana nos toque juntar solamente tus huesos..."

Ricardo se mantiene escéptico y sin atender al ruego de las mujeres, se despide con el pensamiento de los trabajos urgentes que debe realizar apenas despunte el alba. Debe darse prisa, no vaya a ser que su familia, que no sabe de su ausencia empiece a preocuparse. Menos mal que la luna esta todavía alta, la alumbrará por el resto del camino. Mientras camina, los relatos se repiten en su memoria, algunos personajes de los relatos desfilan en sus recuerdos: pareciera que escuchara carcajadas de burla, aullidos de lobos, y cuchicheo de los vampiros. Presiente personajes amenazantes detrás de las rocas, sombras que se esconden detrás de cada árbol. La sensación de que alguien lo persigue sigilosamente.

"No puede ser", se repite para si mismo: "Solamente son puras historias, debo estar tranquilo, no sucederá nada".

Alguien se mueve sigiloso en el bosque, caminadas misteriosas se acercan a su encuentro, moviendo ruidosamente las hojarascas. Se detiene a observarlo y continua aproximándose. Ricardo se queda paralizado por que sin quererlo, instintivamente, piensa que podría tratarse de un lobo o del mismo diablo. Unas miradas arden con la luna, lo observan con desdén. El sudor frío y abundante moja la frente, la espalda y las manos, las piernas y dientes treman a mas no poder, los pelos erizados intentan escapar al cielo, a duras penas contiene los deseos de orinar y defecar instintivamente. Le asaltan las infinitas ganas de correr muy veloz .Desearía le crecieran las alas como en los cuentos para que pudiera huir. Pero su pensamiento racional lo retiene:


"Que tal, si en la huida me caigo o me ruedo, y hasta pudiera morir. La gente al encontrar mi cadáver, llena de rasguños y heridas, pensarán que han estado el diablo, los lobos o los fantasmas a causarme tal daño". Se arma de valor, se repone al susto y se detiene con curiosidad a mirar esos ojos de fuego que lo observan desde la distancia.


Finalmente es al intruso que le toca huir. Es un zorrillo, un habitante habitual de estas tierras , el que se cruzó en su camino. El inocente animal se aleja en despavorida carrera, perfumando con su característica pestilencia el camino, el bosque y hasta a la luna misma.


Ricardo vuelve en si y dice: "Que susto, imagínate, dejarme asustar por un simple zorrillo, no faltaba mas...". Retoma el camino intentando alejar los recuerdos de los relatos que de vez en cuando lo asaltan y se apoderan de su fantasía.
La luna, en el cenit , alumbra con intensidad todo a su paso, proyectando las sombras de los árboles, de las rocas y de los cerros. Ricardo bastante repuesto del susto de su vida que le toco vivir en el bosque, esta por llegar a su casa, espera de encontrarla tranquila y acogedora. Ya casi se siente en el dulce abrigo del lecho.

!Oh No!, !Otra vez, no puede ser!

De la puerta de su casa lentamente se va asomando, una figura blanquecina que parece flotar a la luz de la luna, y se detiene en el patio a observarlo. Parece un robusto hombre con hábito y toga blanca, cuyos ojos se encienden con la luna, que lo alumbra de cuerpo entero. De nuevo sus recuerdos de los relatos lo relacionan de inmediato con los fantasmas.

"Esta vez si que va en serio, este es un verdadero fantasma, no hay dudas...", se dice así mismo.

Otra vez esa sensación y ganas de huir: las piernas treman y flaquean, no dan para mas, cae rendido y convulsionante, la piel de gallina, el sudor frío, el grito de auxilio que se le ahoga en la garganta. Esta vez, no se pudo contener y vomitó hasta las espumas de todo su miedo desde los últimos rincones de las tripas. En una tregua de la desesperante situación.

Una débil candela del pensamiento racional ilumina su cerebro, se repone y se alza.
El fantasma seguía ahí contemplándolo con los ojos brillantes.

Se armo de valor y dijo. "Venderé cara mi derrota".

Buscó a su alrededor algún arma con que defenderse, encontró solamente piedras, las amontono a su alrededor, se atrincheró y descargó todo su arsenal al fantasma. Ante el impacto de las piedras, la figura cambio de posición, revelando la silueta de un asno blanco. Otra vez había cedido a su imaginación e confundió la figura frontal del asno con la de un fantasma.

El abuelo que estaba de visita, era el dueño del asno. Muy enojado, obligó al nieto a curar las heridas del pobre animal, ocasionada por semejante apedreamiento.

Cuando los demás integrantes de su familia y de su enamorada se enteraron de lo sucedido rieron de buena gana. Y dijeron: "Es verdad, los diablos y fantasmas solo existen en los cuentos y en la fantasía de las personas. Cada cual construye su propio fantasma"

Autor: Jíbaro

La Serenata del Húmero

Como han cambiado los tiempos. En los tiempos de mis abuelos, según cuentan. Para amenizar una fiesta debían contratar una orquesta conformada por los jóvenes del lugar. La música con temas de un romanticismo puro servían de inspiración a los enamorados que se daban el sí a la luz de la luna.

En esta época un grupo de jóvenes virtuosos formó una bella orquesta con dos guitarristas: Manuel y Juan, dos bandolinistas: Gregorio y Dionisio, dos violinistas: Augusto y Alfredo, y un talentoso flautista: Alejandro. Este conjunto iba con su música a todas partes. Eran muy solicitados, especialmente para las serenatas.

Era usual escuchar a la media noche el sonido de la orquesta dando las consabidas serenatas. Las homenajeadas se asomaban a su balcón y agasajaban al pretendiente con un ramo de frescas flores rojas o con el consabido lance del pañuelo para felicidad de los enamorados. Algunas señoritas convencían a sus padres para abrir las puertas. Se armaba una jarana de rompe y raja que culminaba con la concesión de la mano de la hija y con el compromiso formal del futuro matrimonio. Ya era muy habitual que esto sucediera así.

Hasta que Alejandro fabricó una nueva flauta, de un hueso que encontró por el campo. Desde el inicio lo cautivó el sonido dulce y armonioso por lo que se convirtió en la preferida del tercio de afinadas flautas que llevaba consigo. El cuadro de las serenatas se repetía casi idéntico, excepto que las homenajeadas ya no correspondían a los pretendientes sino que todas se enamoraban infaliblemente de Alejandro. El, si bien es cierto era un joven de bellos atributos, no era como para que las chicas perdieran la cabeza.

Poco a poco los pretendientes dejaron de contratar al grupo para evitar la competencia de Alejandro que había ya arrebatado sin querer, el amor, a mas de uno. Entonces el grupo se dedicó a dar serenatas por diversión, sin que nadie lo contratara. Una noche aquí, otra allá, donde sospecharan que vivía una señorita. Las melodías surtían el mismo efecto en las chicas. Todas se enamoraban de Alejandro. Y si no eran correspondidas lloraban, se desesperaban y salían corriendo detrás de la orquesta. Hasta que la población empezó a sospechar que algo no cuadraba. Denunciaron al grupo por molestia sexual. Las autoridades empezaron a perseguir a los integrantes.

Ni Alejandro mismo sabía del encanto de su flauta preferida. Un día de casualidad lo descubrió. Cuando el tañía cualquiera de sus flautas de su colección, no ocurría nada. Pero bastaba que sonara unas notas en la flauta de hueso para que todo cambiara.

Entonces la curiosidad hizo que realizará algunas averiguaciones por el campo donde había encontrado el hueso y encontró un esqueleto corroído por el tiempo al que le faltaba el hueso húmero. Ese hueso, seguramente era del que él había hecho la flauta.

Las autoridades averiguaron la procedencia del esqueleto y llegaron a la conclusión que pertenecía a un antiguo flautista que se había suicidado por un amor no correspondido. Confiscaron la flauta y la enterraron junto al esqueleto en un lugar desconocido. Desde esa vez Alejandro ya no es el favorito de las doncellas.

Autor: Jíbaro